martes, 4 de noviembre de 2008

Muchachito del ayer (o en qué se equivoca la izquierda en el Perú)

Por: Carlos Meléndez*

La izquierda fracasó en el Perú. Solo durante la década de 1980 estuvo cercana al éxito electoral que le hubiese permitido acceder al gobierno. Fue un proyecto trunco que terminó devorado por las disputas internas de un frente lo suficientemente amplio como para traicionar sus propias convicciones pluralistas, y por un elitismo que lo alejó de lo que con pretensión llamaban sus bases. La constatación de las razones del fracaso es una tarea digna de los abundantes y reiterativos balances y talleres de izquierda, y no es el propósito de este artículo. Pero sí debe ser el punto de partida para cualquier reflexión sobre el futuro de esta tendencia política en el país. Se debe partir por el sinceramiento, antes que por un equivocado orgullo que no permite reconocer los errores del pasado. Lo que es peor aún es la insistencia en las mismas fallas mirando hacia adelante.

El propósito de este artículo es contrastar precisamente el congelamiento de las ideas y el «calentamiento» de una realidad que ha cambiado, y que contradice e inutiliza muchos de los contumaces planteamientos de lo que condescendientemente podemos llamar la «izquierda peruana». ¿Cuáles son las propuestas que permanecen en el tiempo y no se adecúan a una realidad cambiante? ¿Qué es lo que tanto cambió en la práctica y que no consigue registrarse en la carta de navegación del progresismo peruano? Precisamente, esta incongruencia hace que la izquierda en el Perú sea una suerte de muchachito del ayer, una canción pasada de moda que solo vuelve a sonar en la «Hora del lonchecito» de una radio que apela al recuerdo; es un clásico cursi de la era del LP que solo los nostálgicos (o los especialistas) recuerdan. Mientras el mundo sigue girando bajo nuevos cánones y ritmos, el muchachito del ayer de la izquierda en el Perú conduce su auto oyendo esa vieja canción en radio Felicidad, mientras alrededor lo asfixian las combis y el reggaetón.

Reo contumaz del pasado

El muchachito del ayer (léase la izquierda en el Perú) es un prisionero de su pasado. Insiste tercamente en teoremas que han demostrado su falsedad absoluta, pero no los abandona por aferrarse a sus seguridades primarias. Ha convertido su ideología en un manual, en un checklist, y sus movimientos son la mera repetición de rutinas ensayadas una y otra vez. En seguida sección presentamos algunas permanencias en el pensamiento progresista que se resisten a cambiar, aunque pasen los años.

«Las masas no se representan, participan»

El muchachito del ayer no ve individuos, ve masas. Cualquier tipo de acción colectiva es interpretada rápidamente como la génesis de una revolución. Una reunión tipo taller de presupuesto participativo, cabildo abierto, rendición de cuentas, etcétera, por más que junte a menos del 1% de la población respectiva, es leída como un paso más hacia «la dictadura del proletariado». (¿Desde cuándo la revolución se hizo con plumones y papelógrafos?, me pregunto). Ha perdido la habilidad del cálculo y ha sufrido la disminución exponencial de su público, que alguna vez abarrotaba la plaza San Martín y ahora cae con cuentagotas en los talleres de ciudadanía que organiza. Sin embargo, aún sostiene la tesis de la multitud, mientras el promotor de ONG se desespera por los «líderes sociales» que no llegan a la convocatoria.

«La política antipartido desde el sector no gubernamental»

Como corolario de lo anterior, el muchachito del ayer ha desarrollado una ética antipartido. No cree más en estructuras orgánicas, en bases, en militancia (le costó asimilar la ecuación «un militante, un voto»). Su práctica política es más comodona: reuniones para discutir sobre la coyuntura en la ONG respectiva, entrevistas-publicherrys en los medios de comunicación cercanos, boletines financiados por la cooperación internacional (gratis con La República), y que, en teoría, deberían tener un impacto en la opinión pública (una mano en el pecho: ha visto alguna vez a un taxista con su boletín de IDL… no pues, el que te hace el taxi al aeropuerto no vale). Con un par de llamadas al amigo columnista se sienten que están en medio de la vorágine política, viven con la emoción de una final de fútbol sucesos donde se juegan la vida (o acaso el sueldo) como pueden ser: el juicio a Fujimori, una votación en el Congreso, el nombramiento de un miembro del Tribunal Constitucional, o sea, el ombliguismo extremo. Todo ello bajo la justificación y la autoridad que le da «ser miembro de la sociedad civil».

La ONG resulta en muchos casos una vía para hacer política, aquella imposible luego de no haber alcanzado juntar las firmas necesarias, ni establecer los comités partidarios, ni ponerse de acuerdo con los frentes regionales («qué se han creído estos provincianos», líder de izquierda dixit), ni ponerse de acuerdo para sumar el 1%. Por eso la «sociedad civil» resulta bacán, el lugar más seguro para decir que «Fujimori es un dictador» o que «García está equivocado» (para el muchachito del ayer, nada que se haga fuera del sector no gubernamental está bien), pero su voz no tiene la legitimidad de las elecciones sino de un proyecto de desarrollo realizado con los instrumentos de la planificación estratégica.

La obsesión por la pobreza (y la evasión de la economía)

El muchachito del ayer es tan noble como una lechuga. No le importan los ricos, le importan los pobres. Es finalmente su objetivo último, su máxima inspiración. Entiéndase por pobres, eso sí, todo aquello que es marginal, que es «el otro»: «sectores populares», «indígenas», «población por debajo de la línea de pobreza», «sectores menos favorecidos», «los sin voz» (esa es mi favorita). Como «el otro» es manco, el muchachito del ayer justifica su vida en tratar de ser quien vele por el desvalido, quien saque pecho por él. Organiza convenciones, talleres, simposios, reflexiones interdisciplinarias para discutir el tema de la pobreza (en hoteles cinco estrellas). Pone en la agenda el tema de la desigualdad, de la redistribución, del chorreo… parecería que el crecimiento económico le incomodara, porque si no hay pobres, no hay chamba, ¿no?

Décadas dedicadas a la agenda de la pobreza, que ya los pobres no le creen al muchachito del ayer. O porque la agenda de un país no se basa solamente en la lucha contra la pobreza. Por eso es que ha perdido ubicación y da paso a que, por ejemplo, los sectores que alguna vez fueron su base terminen votando por Unidad Nacional. No comprende por qué Castañeda tiene tanta popularidad. Por qué no gana una elección ni en San Bartolo si es tan buena gente. Por qué a pesar de tanto conflicto social, la gente prefiere a Toledo que a Susana. Cree absurdamente que el pueblo no lo entiende, cuando es al revés.

Y no basta con decir que va a promover la inversión privada para mostrarse algo más moderado (leáse Yehude). El muchachito del ayer se especializó en un asistencialismo oenegero, se concentró en el enfoque de las capacidades (mucho Amartya Sen en las clases de economía) y solo tocó la agenda del desarrollo económico para decir que «otro mundo es posible», sin plantear un modelo alternativo serio (no basta con decir redistribución). La palabra «empresa» le es ajena, salvo que se refiera a microcréditos de organizaciones de mujeres o de paraditas del Cono Norte. Ha cambiado el capital por el «capital social», traicionando al viejo Marx.

«El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…» (no me gusta la trova, es solo para que me entiendas)

La insistencia en los enunciados expuestos lo ha llevado por rutas distintas a las que se imaginaba. Quiso ir a Villa El Salvador y llegó a Miraflores, buscó la alianza entre el proletariado y el intelectual orgánico y creó al caviar, cambió el partido por la ONG, a Barrantes por Humala; ya no lee el Manifiesto Comunista, sino el blog de Susana.

De VES al Jazz Zone

Villa El Salvador fue el emblema izquierdoso de la autogestión, del desarrollo urbano alternativo, de la participación ciudadana, del empuje microempresarial. Tuvo héroes propios, fue el sueño hecho realidad del muchachito del ayer, aunque después de todo un espejismo. Azcueta acabó siendo el remedo de sus mejores años presentándose interminablemente a elecciones que perdería; sus seguidores terminaron yendo a Unidad Nacional y/o al fujimorismo; miembros de la familia Moyano ahora defienden a Fujimori; y Lourdes Flores gana las elecciones en ese distrito.

El distrito limeño donde mayor votación porcentual sacó la izquierda en las elecciones presidenciales del 2006 fue el pituco Miraflores. El Jazz Zone, asociado a la familia Villarán, ha terminado siendo el centro de operaciones del muchachito del ayer. En veinte años no es que la izquierda haya cambiado de público objetivo, sino que objetivamente su público cambió. Su ausencia de las zonas populares evidencia aún más su elitismo, su política de vecindario miraflorino, que no sabe cómo hablarle a lo que denomina «ciudadano de a pie» (término que me resulta despectivo, sinceramente).

Del intelectual orgánico al «caviar»

En realidad el elitismo no es problema alguno, si este tiene una capacidad de vinculación y dirección de un proyecto político. El muchachito del ayer, heredero de las lecturas de Gramsci, apeló ciegamente a la figura del intelectual orgánico, aquel militante político con un pie en las lecturas marxistas y el otro en el proletariado, el articulador, el vínculo, la bisagra entre la teoría y la práctica, a cuya imagen muchos de nuestros conocidos dejaron las aulas universitarias (es por ello que recién andan sacando maestrías y doctorados) y se entregaron a la vida de los sindicatos pesqueros en Chimbote, a las minas altoandinas de Cusco, empuñaron sus armas en silencio creyendo en la «tercera vía» (no la de Giddens, por si acaso) en Puno, se mudaron al monte, al cerro, a Independencia.

Pero el sindicalista se cansó de esperar y regresó y se convirtió en columnista, el ex guerrillero se sintió estafado por sus camaradas que en Lima esperaban la revolución sentados en el Congreso y ahora son expertos en materia de seguridad; algunos encontraron un modus vivendi en las provincias, ya sea como asesores eternos de gestiones públicas o promotores resignados de ONG. El intelectual orgánico desapareció, se esfumó y quizá ahora solo vive en las lecturas de las nuevas generaciones que aún se emocionan al escuchar Maza de Silvio Rodríguez.

Precisamente al desconectarse de las «masas», y mantener el estatus intelectual, se produce la figura del izquierdoso elitista, limeño, que apela a valores progresistas e igualitarios, habla por quiénes quisiera representar y no representa porque vive alejado de ellos, porque no puede, lo cual lo lleva a la vorágine del círculo vicioso en el que solo existen los que se parecen a él. El polémicamente llamado «caviar» es la consecuencia del intelectual orgánico que no cumple su función articuladora, el recluido en las lecturas que no sabe cómo salir de ellas, el que ha perdido el diccionario que traduce el pensamiento progresista al lenguaje cotidiano. Es la soledad del que no ha sido invitado a la fiesta que todos van.

De Barrantes a Humala

El muchachito del ayer no ha podido exorcizar al fantasma de Barrantes, porque fue precisamente el que más réditos le dio (y al que menos quiso). Barrantes traicionaba los valores fundamentales del izquierdoso zanahoria, de acuerdo con sus detractores: autoritario, politiquero, pragmático, racional. Sin embargo, tuvo algo que nadie más ha tenido en la izquierda: arrastre popular. Voz pausada pero cachosa, iba por la vida con la humildad de un droopy en su escarabajo, el abogado pequeño, cercano, sin pretensiones ni en el apellido ni en el color de piel. Es hasta ahora insuperable electoralmente. Mucha gente votó por la izquierda (en serio, hermano, te cuento lo que pasó en mi barrio) porque simplemente confiaba en él. ¡Cuán lejanos aparecen Yehude, Huaroc, Diez Canseco, Francke…! El carisma y la llegada no se consiguen en cafés ni en cócteles.

Precisamente, ese es un factor que no termina de asimilar el muchachito del ayer. Utilizando la metodología de los estudios culturales (un testimonio explica una teoría), ejemplificaré este argumento: en el año 2006, un ex dirigente intermedio de izquierda de un «pueblo joven» me dijo que no estaba ni en el PDS ni en PS por dos motivos: i) porque son unos «malagradecidos», ii) porque la gente nunca votará por ellos. A la segunda razón —que es la que quiero tocar en este acápite— le pregunté por qué y me dijo porque «simplemente ninguno tiene apellido peruano» (sic). Un claro «contigo a la distancia» que no comprende el muchachito del ayer y se engaña pensando que porque aún tiene comadres en San Juan de Lurigancho, seguirán votando por él.

El muchachito del ayer no interpreta el factor liderazgo dentro de su propuesta política. Por eso le cuesta comprender, a pesar de encuestas y grupos focales, que la gente vota por caracteres fuertes, queramos o no. No por aquel que viene con discurso deliberativo, ni con propuestas de «manos blancas» o de «rostro humano», sino que inspire orden y autoridad, como fue el caso de un advenedizo Ollanta Humala. Quizá solo aquellos que lo siguieron (y fueron criticados por eso) son los que menos equivocados están.

Del Manifiesto Comunista al blog de Susana

El muchachito del ayer se ha olvidado de los textos fundamentales, pero sobre todo del estilo de estos. El Manifiesto Comunista era, ante todo, un medio de divulgación, una suerte de comunismo para dummies que se distribuía a las salidas de los complejos industriales para que el obrero comprenda el sentido de la historia, de la lucha de clases y el capitalismo. Era el referente, tanto para la élite intelectual como para el jornalero de ocho horas.

El muchachito del ayer ahora consulta todas las semanas el blog de Susana, las columnas de Javier Diez Canseco y los planteamientos que cada cierto tiempo Pedro Francke hace a través de correos electrónicos. Estos argumentos se convierten en una suerte de catequesis, de oraciones que se tienen que memorizar, pero que siempre se traicionan en los pecados cotidianos. No son análisis, sino buenas intenciones. No traducen los procesos sociales a la cotidianidad, sino se inventan escenarios que no suceden. No le hablan al ciudadano promedio, sino al que el autor quisiera que existiera. Piensan que en el esbozo de unas cuantas ideas (consultadas previamente entre sus amigos) se resuelven los problemas del mundo, cuando estos ni siquiera se abordan.

No eres tú, soy yo: o del problema del indio al indio sin problemas

La reflexión izquierdista en el Perú contemporáneo empezó cuando se planteó «el problema del indio» a inicios del siglo XX. Hoy, diríamos, el indio no tiene problemas. O mejor dicho, los problemas son otros. O más aún: el indio ya no es indio. Sin embargo, no puedo dejar de percibir ese halo paternalista con el que se inició el debate de la izquierda en el Perú:¿Qué hacemos con el indio, qué hacemos con los pobres, qué hacemos con los «otros»? El fantasma que recorre el siglo XX peruano (para la izquierda) no es el comunismo, sino esa subordinación natural, casi esencialista, con la que se cataloga al llamado a ser el protagonista de la Historia: el pueblo. Sin embargo, el pueblo cambió, y mucho, y el muchachito del ayer parece no darse cuenta.

¿Acaso el muchachito del ayer está preparado para hablarle políticamente al mototaxista, al vendedor informal, al trabajador de service para las mineras, al profesor egresado de instituto pedagógico? Si el APRA como opción política parece haberse quedado en el escenario de un país preajuste, el muchachito del ayer no parece haber avanzado más, con el agravante de que ya no existe como opción política. Es que el discurso izquierdista de la preeminencia de los derechos sociales, del desarrollo a partir de las capacidades, de la participación y la deliberación como formas de hacer política, no pertenecen a un país que parece estar más preocupado por otra agenda: el orden, la seguridad, la democracia como sistema, por el crecimiento económico.

El muchachito del ayer es un terco enamorado de un pueblo que no le da bola, que no entiende las canciones de la «Hora del lonchecito», porque seguirá prefiriendo opciones distintas (Fujimori, Toledo, un García derechizado, quizá Kouri o un Castañeda). El muchachito del ayer es buena gente, pero no es su tipo, así de simple. Es un amigo bacán, un «buena gente», pero no apostaría por él. El país no anda in the mood para la izquierda desde hace un buen rato. Y contra la voluntad del pueblo, simplemente no se puede. «No eres tú, muchachito del ayer, soy yo».

* Carlos Meléndez estudió sociología en la progresista facultad de sociales de la PUCP, pero desde hace dos años ha pasado al lado oscuro de la ciencia política imperialista, neoliberal y reaccionaria. Hasta hace muy poco, tenía como hobbie escribir en un blog (http://jorobadonotredame.blogspot.com), el cual cambió por dedicarse a la teoría de juegos, al Maximum Likelihood Estimation y a organizar fiestas latinas en el Midwest de los Estados Unidos.

Publicado en la Revista Quehacer Nro. 171 / Jul. – Set. 2008

jueves, 11 de septiembre de 2008

Juramento de hipócrita


Un juramento ético y por la dignidad de la profesión médica
"Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento..."
Asi empieza el clásico texto de Hipócrates de Cos, protomédico de la antiguedad, quien fue precursor de un libre ejercicio de la medicina al dejar abierta su enseñanza y práctica, pero además lego un primer código ético que aun tiene vigencia en nuestros tiempos. Por cierto, este texto fue modificado con la Declaración de Ginebra (1945-2006), que reemplaza el juramento hipocrático por una versión más contemporánea, en donde se resalta la importancia de dignificar la profesión médica, subrayando el sentido profundamente ético de la práctica de la medicina, pero partiendo de considerar que el médico no es un semidiós como Esculapio, sino una persona humana con necesidades que satisfacer y también derechos que merecen respeto y reconocimiento.
El Inventor
El Sr. Garrido Lecca es el actual Ministro de Salud. Antes lo fue de Vivienda, Construcción y Saneamiento, y antes todavía, fue uno de los conductores de la campaña de Alan García. Aparte de su foja de servicios partidarios, qué méritos reúne el caballero para ser designado titular del pliego más sensible del ejecutivo?, sencillamente, ninguno. Economista de profesión y salvo ser un imaginativo empresario e inventor no se tiene mayor detalle respecto a la pertinencia de colocar a un militante frente a una responsabilidad que requiere información y no improvisación. De allí que no debe extrañar que el Sr. Garrido Lecca, siguiendo el guión por el mismo trazado, quiera ganarse algunos puntos para la eventual contienda hacia el 2011 y no tiene mejor argumento que inventarse una nueva aventura donde cual héroe multimedia busca reformar la salud mediante la ocurrencia de extender la jornada de trabajo médico.Para aumentar la dosis de peliculina, Don Hernán visitó sorpresivamente hospitales mal provistos y desabastecidos para encontrar a los responsables -en su ficcionario político- de la crisis enorme de la salud pública: Los propios médicos. Este trasnochado diagnóstico buscó hacer espectáculo mediático del supuesto que sus elucubraciones como novísimo experto de la administración de salud recaían en médicos que ganan mucho dinero y trabajan poco, e inclusive duermen durante las guardias hospitalarias, en una nada discreta intención de enfrentar a los galenos con sus propios pacientes.

La huelga que se viene
La Federación Médica ha anunciado el reinicio de la huelga médica suspendida a inicios de este año. Su plataforma que no resulta diferente a cualquier reclamo reivindicativo pero además incluye como un tema central la profunda crisis del sector. Sin embargo, uno de los problemas a considerar es la manera como el gobierno quiere enfrentar la huelga anunciada: Nuestro desinflado ministro ya se adelantó en señalar que la huelga es política y que contratará médicos para reemplazar a los huelguistas. La Federación, de otro lado, ha declarado a Garrido Lecca como persona no grata a la profesión médica y ha negado cualquier posibilidad de que el fabulador que funge de ministro sea el interlocutor más indicado para dialogar a puertas de esta medida de fuerza.

Epílogo
Los médicos han pedido la renuncia del ministro como un gesto de desprendimiento, en tanto que el inefable sigue en sus maniobras por dividir el gremio médico y deslegitimizar la huelga a través de sus dragones de fuego de la prensa oficialista. Lo cierto es que el panorama de la salud nunca apareció tan precario con un diletante político que se ha empeñado en hacer de los noticieros el lugar más propicio para construirse una imagen popularecha de justiciero social, y de paso esconder su falta de escrúpulos y jumenta ignorancia en lo que a gestión y políticas de salud se refiere. Por todo ello el actual ministro esta descalificado para asumir la interlocución con los médicos. Es hora de que Garrido Lecca se tome su año sabático para dedicarse a tiempo completo a su pasión literaria y un verdadero ministro asuma el camino del diálogo para resolver estos acuciantes problemas. La salud del país es demasiado importante para dejarla en manos de alguien tan improvisado e irresponsable.

GDLP





jueves, 28 de agosto de 2008

La incandescencia de la verdad: Cinco reflexiones a 5 años del Informe final de la CVR

La verdad es tan incandescente como luz,
¿Para quién debe serlo,
Para sí misma?
No, para la falsedad.


  1. La conformación de la CVR expresó un importante consenso nacional logrado en medio de la transición democrática y la necesidad de crear las condiciones para una recuperación moral del país que coincide con sus similares surgidas al retornar de largas dictaduras que quebraron las democracias y fracturaron sus sociedades. Que hubo y se manifestaron sectores opuestos a su creación y labor es también parte de la verdad, que estos provienen mayormente de los sectores con responsabilidad política y complicidad ideológica con los hechos de violencia, es una absoluta certidumbre.

  2. El trabajo realizado por la CVC congregó a un conjunto de personalidades que desde posiciones plurales concurrieron para demostrar de que la verdad era posible y necesaria de develarse como condición para la reconciliación que no debería confundirse ni con olvido ni perdón. Qué no estuvieron absolutamente todos los sectores políticos sin excepción es también cierto sin embargo, el nivel de representación de los comisionados garantizó su funcionamiento y el cumplimiento de su misión siendo fundamental reconocer que su mandato proviene no del Estado sino de la sociedad, lo cual ha sido puesto en cuestión al negarse el carácter vinculante que hoy reclaman sus detractores.

  3. Su trabajo fue ponderado y científico, sustentado en un enorme trabajo de campo que tuvo que recurrir no sólo a la experiencia de comisiones similares en el mundo, sino también a los recursos desarrollados a partir de lo más avanzado en investigación jurídica y social. Que las condiciones para el cumplimiento de su trabajo haya conducido a señalar limitaciones por no recoger la totalidad de situaciones de violencia producidas, o respecto a profundizar algunas de ellas hasta el nivel de señalamiento de responsabilidad que devenga en acción judicializada, son comprensibles, pero de allí a poner en cuestión las escalofriantes cifras de la violencia y otras observaciones antojadizas, no restan calidad y pertinencia a estos datos y las pruebas reunidas como soporte de sus conclusiones, teniendo la CVR como agravante que esta además enfrentó la resistencia de las instituciones involucradas para proporcionar información, la que hasta hoy es deliberadamente ocultada o negada, o el hecho objetivo que hubo una sistemática destrucción de estas como parte del conflicto.

  4. Los miles de testimonios recogidos, pruebas de antropología forense, e investigaciones de todo tipo son prueba suficiente de que la violencia existió y dejo sus huellas indelebles, que esta afectó a miles de peruanos y los sigue afectando en sus consecuencias, y de la reconstrucción de los hechos de violencia se puede colegir que los autores de la violencia no provienen sólo de las filas del terrorismo que merece la más enérgica repulsa, siendo lo más grave que el Estado Peruano haya desarrollado –como una forma de enfrentar la subversión- prácticas generalizadas y sistemáticas de violaciones de derechos humanos que constituyen crímenes de lesa humanidad susceptibles de ser juzgadas y sancionadas en el Perú y el mundo en virtud a la internacionalización de la justicia, las que no pueden ser rebajadas a excesos individuales de algunos miembros de las fuerzas armadas, sujetas a mandato u obediencia, o desplegadas en el marco de la guerra, o peor, sujetas a supuestas “leyes de la guerra”, las que son imposibles de acatar por instituciones que forman parte de un Estado de Derecho y su mandato constitucional.

  5. Que la CVR a cinco años de su informe no puede evidenciar los signos tangibles de que el Estado ha asumido, con entereza y convicción, las recomendaciones que hizo en su momento, por ejemplo, respecto al tema de las reparaciones o los juicios a los responsables de violaciones de Derechos Humanos. Esta constituye una responsabilidad política tanto del Gobierno de Alejandro Toledo y en particular del actual desde el cual se ha recibido no sólo silencio sino un elocuente desconocimiento de sus alcances, lo cual se traduce en más de una señal incontrovertible de la voluntad oficial por negar y resistirse a asumir sus responsabilidades, y lo que es mucho más peligroso, la de personajes oscuros ligados al gobierno aprista, y aliados tácitos por fuera del mismo (entre ellos a una cuestionada autoridad eclesial y ex militares en carrera política, y por supuesto el fujimorismo oficial) cuya actitud deliberada a desconocer y rechazar el informe de la CVR es públicamente conocida.

    A Cinco años de la presentación del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación el balance pareciera no ser muy alentador, pero la esperanza de alcanzar justicia y verdad es todavía una promesa de la democracia, que se convierte en tarea fundamental de la sociedad y la ciudadanía, para lo cual la primera condición es que esta pueda ser (en medio de la campaña en contra de la CVR) adecuadamente informada. La difusión de este informe es en este sentido fundamental para que la verdad se abra paso.



GDLP


http://www.cverdad.org.pe/ifinal/index.php

miércoles, 27 de agosto de 2008

Arqueología: Entre Bingham e Indiana Jones


Nota aclaratoria: Guillermo Quevedo es un buen amigo de muchos años, recibo con interés sus notas por correo electrónico, y este se convierte en un intercambio muy interesante muy lejos del aplauso incondicional y la pulla grosera. Por lo demás son escritos breves, muy bien escritos, y de manera fiel a su estilo, para provocar la discusión. Consulta de por medio publico este breve escrito y respuestas correspondientes. Muchas gracias Willy por compartirlos desde este espacio.


Huaqueros

Por: Willy Quevedo

Luego de ver la vertiginosa pelicula " La Momia " conclui que para ser arqueologo solo se requiere un espiritu rentista y prescindir de escrupulos. Los protagonistas del film son aristocratas que dejan su holgadas existencias para viajar a exoticos lugares y encontrar tesoros escondidos por milenios. Para llegar primero al hallazgo no dudan en eliminar a colegas y saquear tumbas violando cultos, creencias y patrimonios culturales. Gracias al ansiado descubrimiento, los arqueologos logran el reconocimiento social y academico.

La trayectoria de Hiram Bingham y Max Uhle confirman esa impresion. Vinieron al Peru y se llevaron cientos de objetos precolombinos a las universidades de Yale, Berkeley y el Museo de Berlin. Esas instituciones se niegan a devolver los vestigios encargados a pesar de que han transcurrido mas de 80 años.


La arrogancia de los arqueologos obedece a que llegaron primero al descubrimiento. A diferencia de los cientificos de otras disciplinas que para inventar un procedimiento o encontrar un nuevo elemento patogeno deben basarse en trabajos previos y estan obligados a citar a los investigadores que los antecedieron, resultando al final un hallazgo compartido. Los arqueologos ni siquiera tienen la delicadeza de reconocer que sus datos los obtuvieron de huaqueros que prefieren quedar anonimos para evitar ser capturados por la policia.
Todo esto viene al caso porque hace unos dias la arqueologa sanmarquina de origen checo y 62 años de edad, Ruth Shady denuncio a una empresa cervecera de nombrar "Caral" a uno de sus productos sin consultarle.


¿Quien le dio derechos de propiedad sobre Caral a la señora Shady ? Parece que no ha sido suficiente el reconocimiento publico a su labor de descubrir la ciudadela. Shady desea hacer de Caral una renta que le reditue de por vida.


Asi no es. Los restos arqueologicos le pertenecen a todos los peruanos.
El Instituto Nacional de Cultura debe sancionar ejemplarmente a la doctora Shady. Lo correcto es retirarla de Caral y trasladarla a otra dependencia o encomendarle la investigacion de un nuevo sitio arqueologico.


domingo 24 de agosto

viernes, 22 de agosto de 2008

Con sólo arcos, flechas y dignidad


Un combate por la dignidad

Hace unas pocas horas, el Pleno del Congreso de la República en una votación sin precedente (62 a favor, 27 en contra, 0 abstenciones), terminó con los largos días de tensión en buena parte del territorio nacional ante la lucha de resistencia asumida por miles de compatriotas que demandaban al Estado Peruano derogar las leyes que consideran lesivas a sus intereses, pero sobre todo reclamaban por su legitimo derecho a ser reconocidos como ciudadanos plenos y dignos en su propio país.

Una identidad y resistencia milenarias

Nacidos en la tierra con la cual desarrollan una relación simbiótica entre hombre y ambiente, portadores de una cultura, de una lengua, de formas de organización propias, han defendido su derecho a una identidad y a la autodeterminación, lo cual los diferencia pero simultáneamente los convoca a demandar y ejercer sus propios derechos como peruanos, situación nada especial que muchos Estados modernos han reconocido como parte de su particular realidad multicultural.(1)


Con sólo arcos y flechas

Cuando el ejecutivo promulgó los decretos legislativos 1015 y 1073 nunca imagino que la reacción de miles de pobladores nativos resultaría tan impresionante y efectiva.

La movilización a la que asistimos en estas últimas semanas fue impresionante pues convocó a miembros de las naciones y pueblos originarios. Estos peruanos y peruanas, que pocos conocen cabalmente, ocupan secularmente los territorios desde los cuales han resistido el despojo de particulares y el propio olvido del Estado.

Combinando formas de protesta social como los paros y ocupaciones pacíficas de las instalaciones generadoras de energía y centros de producción de hidrocarburos y gas, con demostraciones simbólicas como la exhibición de sus arcos, flechas y lanzas -empleadas tradicionalmente para la caza y la pesca- y tocados con sus vestimentas ceremoniales y pintarrajeados para las ocasiones especiales como lo dictan sus costumbres en momentos cruciales de su historia, los nativos fueron efectivos en hacer retroceder al gobierno en su empecinamiento por consumar un paquete de leyes nacidas con defecto de factura.

La Ley de la Selva

Se dice que la ley de la selva dictamina a favor del más fuerte. En este caso el más fuerte y abusivo resulto el Estado. No abundaremos en el análisis de los decretos cuestionados, sino en las formas empleadas desde el ejecutivo para darles curso.

El defecto de factura está dado por la manera como se dan, al amparo de las facultades otorgadas por su propio legislativo, estas leyes nacieron de espaldas a quienes se verían directamente afectados, pues en ningún momento los miles de peruanos supuestamente beneficiados por los decretos legislativos fueron consultados por sus alcances. Es más, producida la movilización, los propios voceros del gobierno se sumaron en santa cruzada contra buscando descalificar la protesta de amazónicos y andinos que alcanzó dimensiones nacionales, ora diciendo que eran minorías azuzadas por agitadores, ora salpicando a prestigiosas instituciones internacionales como las promotoras de la revuelta. Lo cierto es que la lucha emprendida por nuestros compatriotas se ganó el respeto y generó importantes consensos políticos e institucionales, que reconocieron su derecho no sólo a protestar sino la fundada razón de rechazar los decretos aun en contra del empecinamiento del Ejecutivo.

¿Cien años más atraso y de miseria?

En una nueva demostración de su vocación auto profética, el Presidente García ha considerado que sería un grave error histórico la derogatoria de los decretos porque condena a las comunidades campesinas de la sierra a vivir un siglo más en el atraso y la miseria. "El Perú no debe temer al cambio", pontificó. Sin embargo, habría que preguntarse de qué cambio hablamos, hacía donde y a favor de quiénes.

Es sabido, por tanto, que los cien años de atraso y miseria como bien lo demuestran los líderes nativos y comuneros son el resultado de muchos años más de olvido del Estado Peruano, de sucesivos gobiernos que han preferido hacerse de la vista gorda ante la arremetida sin escrúpulos de todo tipo de intereses, pues mucho del territorio hoy ocupado en manos privadas en desmedro de las comunales se produjo como resultado de descarados despojos y ocupación violenta, en procesos de colonización avalados por las leyes y la propia fuerza pública, con lo cual terminaron por enajenar las tierras comunales antes de apoyar a sus legítimos ocupantes para hacerlas producir en armonía con el "espíritu de los bosques" y con la aprobación de los apus.

Hoy en día no son los colonos sino los intereses detrás de los promotores de las industrias extractivas quienes ven con apetencia la riqueza en el subsuelo de estas tierras que los decretos rechazados ponían en bandeja para la voracidad del capital privado.

Orden y progreso

La discusión de fondo, detrás de los decretos de marras y la propia actitud presidencial y de sus "canchanchanes", se centra en una concepción decimonónica respecto al progreso, ante la ausencia de una concepción de desarrollo nacional que el país no puede todavía consensuar, y de la cual nos ocuparemos después y aparte, pues entraña una matriz positivista que es parte de los reflejos tardíos de García y lo que representa su viejo partido.

Lo que si resulta impostergable es el gesto autoritario e imprudente del gobierno por imponer la razón de la sinrazón en todos sus actos, del cual este conflicto no es sino la punta del iceberg.

Ante la necesidad creciente de resultados para atraer la atención y aprobación de la opinión pública, García aparece menos inflamado por la pirotecnia verbal de sus primer gobierno, pero más auto convencido de su infabilidad al asumir el diseño y puesta en marcha de sus medidas de política, de allí que los llamados al orden y la ley no serán solo un estilo sino un comportamiento recurrente en sus actos de gobierno, pues de lo que se trata es, además de ganar puntos en las encuestas, en satisfacer a los grupos económicos con los cuales termino peleado por la estatificación de la banca, y el capital trasnacional al cual busca convocar con medidas efectistas y más crecientemente audaces para favorecer su inversión en el país. Son estos sectores el pilar desde el cual imagina su visión estratégica a partir de la cual apura construir alianzas políticas duraderas posteriores al 2011.

La segunda oportunidad de los condenados de la tierra (2)

Se dice que el éxito en política sólo se mide a partir de resultados, que entre los resultados sólo caben las victorias y para la historia, las victorias que cuentan solo son aquellas que constituyen aciertos. Esta coyuntura no le ha dado ni victorias políticas ni aciertos históricos al gobierno. Ni las leyes que promovió se aplicaron, ni ante la crisis pudo acertar en encausar una negociación política favorable al Ejecutivo. Es más, ha sido el debut y tal vez la despedida del flamante Ministro del Ambiente, ya recortado en competencias fundamentales desde su formación, fue tratado en sus intentos de diálogo como lo que realmente dijo ser: Un ministro sin poder. Su reacción posterior ha sido de franca “piconería”, ante la inminente discusión del Congreso de la ley para derogar los decretos criticó ranciamente esta discusión, demandando que esta debería ser "pensando en lo que conviene al país y a las comunidades nativas, y no solo en objetivos políticos". Qué pena por el profesor Brack, qué lamentable que exponga su prestigio bien ganado por el plato de lentejas de la popularidad política.

Felizmente dentro de todos estos desatinos, sorprendió la actitud del Congreso, que con mejores reflejos políticos terminó demostrando que el poder legislativo puede actuar con independencia y en equilibrio con los restantes poderes, lo cual se funda en la división de poderes que garantiza el contrapeso necesario para gobernar en democracia. Lo anterior no es nada nuevo, salvo que alguien quiera olvidar este principio capital del viejo Montesquieu que cualquier estudiante de derecho y ciencia política jamás soslayan.(3)

En suma, derogados están los decretos, el Ejecutivo amenaza con una nueva redacción de los controvertidos dispositivos, se mueven las aguas dentro del congreso, pero en la amazonía y ande peruano se aguarda con paciencia pero en alerta los eventos posteriores, seguros de que cuentan con la razón y con el convencimiento de que hace tiempo dejaron de ser los condenados de la tierra para sentirse ciudadanos que parafraseando a otro García, el genial García Márquez, que los condenados a cien años de soledad tienen derecho a una nueva oportunidad sobre la tierra.

Lima, 22 de agosto de 2008


Notas:

(1) Will Kymlicka como explicación de la respuesta del multiculturalismo a la diversidad cultural propone derechos diferenciados a las minorías nacionales señalando que las poblaciones aborígenes y otras minorías nacionales exigen derechos permanentes e inherentes, fundados en el principio de autodeterminación. Estos grupos son "culturas", "pueblos" o "naciones", en el sentido de ser comunidades históricas más o menos institucionalizadas, que ocupan una tierra natal y comparten una historia y un lenguaje distintivos. Estas naciones están insertas dentro de los límites de una comunidad política más amplia, pero reivindican el derecho de gobernarse a sí mismas en algunos temas cruciales con el propósito de asegurar el desarrollo libre y pleno de su cultura y de los intereses de su gente.
(2) Usamos una paráfrasis del título de Franz Fanon "Les dammés du monde" en su traducción más difundida “Los condenados de la tierra”, aún cuando el autor se ocupa de la dominación y el colonialismo desde otra perspectiva liberadora.
(3) Nos referimos al llamado principio trias politica que establece la separación o división de los poderes en donde los sistemas de gobierno establecen un mecanismo de balance mediante pesos y contrapesos para distribuir el poder en varias instituciones, de este modo se hace imposible que el soberano asuma todos de manera simultánea. Es en su “Del Espíritu de las Leyes” donde describe esta manera de organización del poder.


miércoles, 13 de agosto de 2008

Premio Nobel de Economía para Alan García


El hombre y la nación

Hay momentos en que los destinos nacionales y la trayectoria de los grandes hombres, convergen. Este es justamente uno de ellos. Alan García Pérez, nuestro ilustrado presidente, ha hecho conocer una novísima teoría que echa por tierra cualquier otra explicación sobre el bienestar humano.

El crecimiento digital

¿Qué es lo que esta vez nos ha endilgado con su grandilocuente y erudita oratoria nuestro querido Presidente ?. Nada más ni nada menos que una original teoría para explicar el bienestar económico y el éxito individual. Combinando sus dotes histriónicas, acomodando su nato sentido de la comunicación política, nos dice lo siguiente:

"El Perú crece con velocidad, hay bastante trabajo que se está generando, los teléfonos se han expandido de manera exponencial, enorme. Tenemos más carreteras, estamos avanzando en todo eso que da trabajo y mucho más en la construcción civil".

Las parábolas de García

Sin embargo lo que nos llama la atención y motiva esta nota es el rigor de pensamiento y la claridad conceptual del Doctor García para explicar difíciles temas de la coyuntura nacional. Por ejemplo, hace gala de su profundo conocimiento de la psicología nacional para sostener que son la impaciencia y el descontento de la población los verdaderos argumentos de su caída en las encuestas, pues los peruanos practicamos "el deporte y costumbre de castigar a los gobiernos".


Por supuesto, nada de las alzas, del racionamiento eléctrico, ni de la reconstrucción estancada del Sur del país, ni mucho menos de las protestas de las naciones amazónicas ante las leyes hechas para despojarlos de sus tierras.

Sólo con la modestia propia de quien está convencido de la redención política, el Señor Presidente pontifica:

"Eso lo sé desde antes de ser elegido. Pero estoy convencido que cuando se haga el balance general las cosas van a ser muy diferentes


El teorema de Caín

Sin embargo, y citando a un conocido experto en marketing, nos ilustra con una original explicación del descontento de la ciudadanía:

"...en la medida que tenemos un poco más todos, crece la insatisfacción porque vemos que el del lado tiene más que nosotros".

Enseguida afirma su tesis fundamental:

"(en los peruanos) crece la insatisfacción porque con el crecimiento económico del país crece la espectativa de la población".

"...ese nivel de insatisfacción puede producirse aún cuando haya crecimiento y usted tenga un teléfono celular nuevo o pueda haberse comprado un carrito nuevo".


O sea, la envidia, la ancestral pasión humana, el mismo principio que motivo que Caín terminara con el éxito personal de su hermano Abel, o aquel que nos hace reventar de cólera ante el carro nuevo o la TV plasma del vecino, el ascenso de nuestro compañero de chamba, la enamorada de nuestro pata, etc., aparece aquí como la explicación del descontento nacional.

Agárrate Amartya Sen (2), empieza a rezar Pierre Rosanvallon (3), sacúdete en tu frío sepulcro Smith (4), tiemble profesor Bourricaud (5), el doctor García supera a cualquier antojadiza y enredada teoría, para reinstalar como explicación humana y accesible ya no la etérea esenciabilidad del alma, como lo sostuvo en su somnífero discurso del 28, sino a la muy humana y antiquísima envidia

Epílogo: El Perú de las maravillas

Que las afirmaciones hechas por quien personifica la nación sea un hecho coincidente con su acelerado descenso en las encuestas de aprobación es anecdótico. Que otras declaraciones en el mismo tono de despotismo ilustrado sean hechas por sus ministros nos llevan peligrosamente a ser engañados por una imagen oficial del país basada en la especulación y la mentira (6).

A este paso terminaremos por creernos el argumento repetido hasta el hartazgo por sus epígonos respecto a que al Perú le va de maravillas. Por lo demás, qué importa que esto no sea cierto para unos cuantos millones de peruanos angurrientos del éxito ajeno de acuerdo con la teoría presidencial de la envidia.

Lima, agosto de 2008



(1) Las citas han sido tomadas de El Comercio
http://www.elcomercio.com.pe/ediciononline/html/2008-08-12/la-poblacion-injusta-lo-que-gobierno-ha-logrado-aseguro-presidente-alan-garcia.html
Premio Nobel de Economía 1998, que aporta una nueva teoría sobre el bienestar económico.
(2) Profesor de historia y filosofía que ha estudiado a profundidad el tema la crisis del estado del bienestar y el origen de las desigualdades.
(3) Adan Smith, reconocido padre de la economía política.
(4) Sociólogo francés, autor de "Poder y sociedad en el Perú contemporáneo" (1967). García afirma que fue su "profe".
(5) Para muestra pueden revisarse los anuncios de su esmerado jefe del INEI respecto a la disminución de la pobreza, la justificación del copamiento del aparato del Estado con compañeros del partido, o de la negación de los arreglos nada secretos con el fujimorismo...